El cambio climático, impacto impredecible

El cambio climático, impacto impredecible
El último informe del IPCC ha enfatizado la evaluación de los aspectos socioeconómicos del cambio climático, y en sus implicaciones para el desarrollo

El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) es un organismo de las Naciones Unidas formado por científicos voluntarios, cuya misión es evaluar el estado de las ciencias del clima. El IPPC publica informes de evaluación, estudios que no son fruto de investigación original propia, sino las conclusiones de la revisión de la información científica producida por investigadores de todo el mundo de muy diversas disciplinas de las ciencias ambientales, naturales y sociales. Este análisis de la información publicada en miles de artículos es el mejor método para obtener conclusiones globales sobre las causas y las consecuencias del cambio climático, como el aumento de la temperatura o la subida del nivel del mar. El IPPC es una autoridad reconocida internacionalmente sobre el cambio climático y está en disposición de sugerir vías de actuación para prevenir, corregir y mitigar este fenómeno

El volumen de síntesis del Quinto Informe de Evaluación del IPCC apareció a finales del 2014 y es una lectura muy recomendable para captar la importancia real del acontecimiento. Ha enfatizado la evaluación de los aspectos socioeconómicos del cambio climático, y en sus implicaciones para el desarrollo y la gestión de los riesgos y medidas a tomar. Se espera que las abrumadoras conclusiones recogidas en el Quinto Informe sirvan para facilitar un tratado global y jurídico vinculante respecto a la reducción de las emisiones de carbono.

EL Quinto Informe de Evaluación del IPCC, ¿el  último tren?

“Extremadamente probable” es la conclusión publicada en el Quinto Informe sobre la responsabilidad humana en el calentamiento planetario y las consecuencias derivadas. Podría parecer una mera opinión, pero no es el caso. Según el método de análisis del IPCC, términos como “probable”, “muy probable” o “prácticamente cierto” son valoraciones que, lejos de ser meros formulismos lingüísticos, tienen pleno valor estadístico y grandísima precisión.

Ya no cabe la duda. El calentamiento global se califica de “inequívoco”, absolutamente demostrado. La responsabilidad antropogénica de la mayor parte de ese calentamiento es prácticamente cierta (95%), y lo peor, las consecuencias podrían ser ya irreversibles.

Irreversibles, sí. Esa es la conclusión más demoledora del Quinto Informe, que pone sobre la mesa el panorama más agorero de las últimas décadas. El mensaje es claro: si no se frenan desde ya las emisiones a la atmósfera, el impacto será grave e irreversible; irreversibles tanto en el clima como en las consecuencias de ese cambio.

El Quinto Informe se presenta así como la piedra de toque que la gobernanza mundial (y los habitantes en general) necesita para poner en marcha mecanismos de mitigación y control exhaustivos en una carrera contra el tiempo. Se trata de una cuestión de supervivencia y responsabilidad de cara al futuro. Según el IPCC, máximo organismo especialista en la materia, el planeta se encuentra al borde del precipicio climático. Las medidas a tomar hoy son de responsabilidad humana, más allá de las necesidades geoestratégicas y políticas de un país o región determinada en un momento preciso. Lo que no se haga ahora se pagará con creces mañana. Es, quizás, el último tren.

Al borde de la irreversibilidad

Incluso llegando de inmediato al objetivo de cero emisiones, el cambio climático seguirá su curso durante siglos por pura inercia. Aunque los procesos ambientales pueden revertirse de forma natural, suelen ser acontecimientos de una escala temporal geológica que abarca siglos y milenios. Son sistemas cuyo deterioro es mucho más rápido que su recuperación. Para la escala humana, son sucesos irreversibles de consecuencias inabarcables. Un par de ejemplos:

Efectos en la criosfera:

  • Los glaciares y los mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida, así como los de regiones montañosas del resto del mundo, están perdiendo masa. Se estima que los glaciares han retrocedido entre un 10,5% y un 12,3% a nivel global entre 1979 y 2012.
  • En el hemisferio norte la cobertura de nieve ha disminuido. Además, el deshielo del permafrost retroalimenta el proceso por liberación del carbono atrapado en los suelos congelados, generando mayor calentamiento.

Efectos en los océanos:

  • El cambio climático tiene consecuencias en las propiedades físicas, químicas y biológicas de los océanos. Los mares han absorbido la mayor parte de la energía introducida en el sistema por el cambio climático entre 1970 y 2010. Este calentamiento está lejos de ser uniforme y se concentra principalmente en las zonas más superficiales, de modo que durante décadas, quizá siglos, la energía acumulada se irá difundiendo hasta las capas más profundas de los océanos. Así, el proceso es continuo y sus efectos no dejarían de verse en la escala de la historia de la futura humanidad.
  • El calentamiento tiene consecuencias en el ritmo de evaporación, la salinidad y la acidificación de los océanos con efecto global. Nuevos gradientes de temperatura y la abertura de nuevas vías podrían cambiar la circulación de las corrientes marinas. Por ejemplo, las variaciones de la circulación del océano Atlántico podrían cambiar radicalmente el clima de Europa y Norteamérica, provocando también cambios a nivel mundial.
  • La subida del nivel del mar, quizá el efecto más mediático y llamativo, es consecuencia directa de este calentamiento y del deshielo, y es un fenómeno observado y registrado que seguirá produciéndose y que amenaza con tragarse ciudades y tierras.

Un fenómeno global de distribución desigual

El cambio climático afecta a todo el orbe, pero los fenómenos regionales asociados afectan de forma desigual a los territorios y países. En algunos países habrá más inestabilidad que en otros. Se trata de un sistema alterado y en evolución que presenta nuevas facetas y cambios radicales. Además, algunos países están más preparados para soportar el impacto que otros, sea por su posición geográfica, orografía, política interna o situación económica. Algunos literalmente desaparecerán bajo las aguas; otros tendrán más suerte. Pero, independientemente de su fortaleza, ante un fenómeno de carácter planetario todas las naciones tendrán que enfrentarse a un mayor o menor grado de inestabilidad.

España no se libra de estos riesgos. El Quinto Informe del IPCC alerta de los riesgos que corren los países del sur de Europa. La subida del nivel del mar puede alterar radicalmente la ordenación territorial del mapa costero, que es donde, además, se encuentra la mayor parte de la población española, las ciudades más populosas y gran parte del sector económico del país. La desertización en España es un hecho contrastado y se irá produciendo una “saharización” del territorio, que tiende a parecerse más a las secas regiones norafricanas. Los incendios forestales serían una constante, provocando más desertización, y todo ello lleva a una radical pérdida de suelo útil para la agricultura.

El aumento de la temperatura provoca fenómenos de carácter planetario que tienen sus propios efectos. Así, y se está viendo desde hace unas pocas décadas, se están produciendo fenómenos climáticos más agresivos y más frecuentemente: olas de calor y sequías más duras y largas, tormentas y huracanes más fuertes, lluvias más torrenciales que provocan inundaciones más salvajes… En definitiva, hay más inestabilidad, intensidad e impredecibilidad en la fenomenología meteorológica.

El cambio climático es un cambio en la Historia

Con permiso del mundo financiero, la economía mundial es la economía de los recursos tangibles. La humanidad vive de los recursos disponibles en la Tierra, de ellos depende. No es necesario detenerse en cómo la dependencia de los combustibles fósiles ha cambiado, cambia y cambiará el transcurrir de la historia de naciones enteras, y las consecuencias macroeconómicas, geopolíticas y sociales que conlleva el control del suministro de petróleo.

Ante la perspectiva de los bruscos cambios meteorológicos a corto plazo y los climáticos globales a largo, se presenta un nuevo desafío geopolítico y social. La escasez de recursos hídricos es un hecho hoy y lo será más en el futuro, y es posible que la guerra del agua sea más dolorosa que las guerras del petróleo.

Escasez de agua y escasez de alimento son sinónimos. Con menos agua y más desertización se prevén peores cosechas, más hambre, desnutrición y pobreza. Los movimientos migratorios humanos en búsqueda de terrenos más amables (principalmente de las regiones ecuatoriales a las septentrionales, y de los valles y costas a las zonas altas) provocarán sin ninguna duda fricciones entre poblaciones con pocos recursos hídricos y agrícolas. Es tristemente inevitable pensar que en algunos casos se llegará al conflicto armado o guerras abiertas por el control de acuíferos y tierras fértiles.

Aún se está a tiempo

Si algo indica el Quinto Informe es que estamos en los límites de tomar las decisiones justas y que hay muchas medidas que se pueden tomar ya. Lo que se necesita para ello es, por encima de todo, una visión no cortoplacista de los intereses nacionales y sí voluntariedad para generar un cambio histórico planetario. Las consecuencias económicas y sociales de no hacerlo serán muchísimo más graves y onerosas que el no hacer nada. Se estima que el consumo a lo largo del siglo XXI crecerá entre un 1,6 y un 3% anual. Aplicar medidas que limiten el calentamiento a “solo” 2⁰C restaría solo un 0,006% a ese crecimiento.

El cambio de modelo es necesario e imprescindible, pero queda poco tiempo. Para permanecer por debajo de esos 2⁰C habría que reducir las emisiones un 40-70% entre 2010 y 2050, y eliminarlas en 2100. Definitivamente, ha llegado el momento de elegir en qué planeta se desea vivir y qué dejar para las próximas generaciones.

Formación relacionada

La página web www.cerem.sv utiliza cookies para mejorar los servicios ofrecidos. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso e instalación. Para más información haga click aquí.

Subir